Nayarí Castillo

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Las mujeres venezolanas están cerca de la estética transform

(Entrevista de Cynthia Rodríguez)

Publicado en Revista Eme de El Nacional, Caracas, 14 de julio de 2005, p. 30

A sus 28 años, esta mujer –graduada en Biología– ha ganado en dos de los salones más importantes del arte joven (Michelena y Jóvenes con FIA 2005). Pocas horas antes de partir a cursar estudios en la prestigiosa escuela Bauhaus (Alemania), habla de su obra y del papel que un artista joven debe asumir en la reconstrucción de la sociedad que le rodea. 

Un perro se rasca las pulgas bajo unas pieles de reses que se secan en medio de un camino polvoriento, perdido entre las rutas de los camiones que recorren esta Venezuela. Un grupo de trabajadores mueve sus palas bajo un cerro que asemeja un Cabré. Una casa en ruinas da fe del azul del cielo y de la quietud de los días de la provincia, que parecen no pasar nunca. Estas son tres de las seis Postales con las que Nayarí Castillo ganó el salón Jóvenes con FIA, 2005 (y que hasta el 24 de julio pueden verse en el Corp Group, en Caracas). Una muestra que parte de lo más íntimo de la experiencia del país y que conecta el paisaje con la memoria.

 

CR: POSTALES HABLA DE UNA VENEZUELA MUY ESPECIAL. HÁBLENOS DE ESTA OBRA.

NC:
Es muy simple, una especie de scketchbook. Hice en total 20 postales, de las que seleccioné estas seis por capricho estético.
Creo que lo más importante en esta obra es esa evocación que hace quien la ve. Y eso se debe en gran parte a dos cosas: el silencio, que es una forma de evocar el recuerdo auditivo y sobreponerlo a lo que se está viendo, y el desplazamiento, que en este caso es muy leve. Esta utilización del video sin audio me resulta una excelente fórmula para contar. Para mí el tiempo es la base de la narrativa.
La obra de arte contemporáneo es eso: una experiencia.

 

EL PAISAJE TIENE PARA EL VENEZOLANO UNA RELACIÓN MUY ÍNTIMA CON LA IDENTIDAD. EN POSTALES, ¿TAMBIÉN HAY ALGO DE ESA INTENCIÓN?


Sí, pero también hay una alusión a la provincia desgastada, al éxodo hacia las ciudades. Trato de levantar temas sutiles en mi trabajo, que hablen de lo que son mis afectos con respecto a un sitio. 

 

¿QUÉ SIGNIFICA SER ARTISTA PLÁSTICO EN VENEZUELA, A SU EDAD?


Hay una crisis severa. Mi esperanza es que esa crisis genere un lenguaje diferente; esa idea de la construcción sobre ruinas.

 

LAS ARTES PLÁSTICAS, ¿ESTÁN EN RUINAS?


Yo vivo en La Carlota y todos los días paso por la esfera de Soto.
He visto cómo ha ido desapareciendo, vi la pancarta que puso Ricardo Benaim como protesta y también la vi caer. Este es definitivamente un momento de iconos caídos. Es evidente que tiene que surgir una construcción de arte que, idealmente, debería tener un impacto en lo público. Deberíamos ser mucho más nobles en ver el arte como algo cercano a nuestra vida cotidiana.

 

¿POR QUÉ SE INSPIRA EN LAS POSTALES?


Ese formato tiene algo muy íntimo y permite, en este caso, un juego interesante. Si ves la obra de lejos, sólo tienes cajas de luz con unos paisajes adentro. Pero si te acercas, te metes en el silencio que completa la obra. Busco esa soledad del espectador, que lo ponga a pensar. Que esa postal se la lleve a su casa, pero en la memoria.

 

¿CUÁL DEBE SER EL PAPEL DEL ARTISTA JOVEN, EL QUE SE ESTÁ FORMANDO?


Es una tarea titánica. Producir al mismo tiempo que se padece es algo muy complejo. Por otra parte, creo que esto ha pasado siempre, y en este sentido el arte siempre ha sido evadido. Creo que cada vez más estamos en una evasión en las cosas del día a día.

 

¿CÓMO SE CONJUGA ESTO CON LA FORMACIÓN DE ESE NUEVO LENGUAJE HIJO DE LA CRISIS?


Esta reconstrucción del país tiene que relacionarse directamente con tocar lo cotidiano. Nos falta ver lo que está cerca, lo que nos rodea.
Hay una necesidad de esto, que inevitablemente va a repercutir en el arte.

 

¿CÓMO VE EL PAPEL DE LAS MUJERES EN EL ARTE VENEZOLANO DE HOY EN DÍA?


Hay una señal que no sé cómo interpretar, pero a la que creo que hay que poner atención. En Jóvenes con FIA somos sólo cuatro mujeres de 35 participantes. No creo que se deba a una decisión discriminatoria. Pero me pregunto si se postularon menos mujeres que hombres. No puedo evitar pensar que esto es señal de algo. 

 

¿PODEMOS SER LAS PROPIAS MUJERES SABOTEÁNDONOS?


No sé. Sé que las mujeres en este país tienen grandes problemas con la estética y eso es una norma general, que se cumple cada vez más cuando uno sale a la calle. No entiendo la estética de la mujer venezolana:
senos artificiales, las cejas cada vez más arriba, la boca cada vez más inflada. Las mujeres venezolanas están cada vez más cerca de la estética transform. Y, aclaro, los trans me parecen una gente bien auténtica, que está buscando un lenguaje. No tengo nada contra ellos. Pero no entiendo por qué una mujer quiere parecerse a un hombre disfrazado de mujer.

 

¿A QUÉ CREE QUE SE DEBA ESTO?


Este es un país machista, pero la culpa no es sólo de los hombres.
Las mujeres no se están dando cuenta del papel que están jugando.
Hay una cosa medio bizarra en ese forzar la barra para cumplir con unas normas sociales cuyo sentido no veo. Me sorprende ver que hemos llegado a sustituir a Cruz Diez en Plaza Venezuela por la Catira Regional. Pero la mayoría de la gente piensa que eso es normal.
Y no me parece que eso esté bien. Creo que no se debería dar tanto valor a estos estereotipos. El venezolano es muy conservador. Le da miedo la complejidad. Esto es algo muy curioso en un país tan sincrético como éste, pero es así.

 

¿Has pensado incluir una crítica de los estereotipos de la mujer en tu obra?

 

No. Yo he luchado por esto toda mi vida, pero no me considero una militante. No creo que esa sea la vía.
Ni militancia, ni guerrilla. Creo, eso sí, en dar opciones a la gente, en hacer de mi obra algo que apele a lo interno, a que la gente piense, que se encuentre consigo misma. La vía creo que es la educativa, allí es donde podemos cambiar al país.

 

¿QUÉ VIENE AHORA PARA USTED?


Me voy a estudiar afuera. No sé qué va a salir de eso, pero tengo mis expectativas puestas en que sea algo de provecho. Paso mucho tiempo elaborando cada obra.
Investigo, leo, escribo, armo el proyecto, hago trabajo de campo y al final escribo una reflexión. Los premios que he recibido son estímulos.
Falta mucho para que llegue a ser un artista plástico.