Miguel Guaglianone

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Amarillo No5: la desconstrucción del imaginario de la dominación

 junio de 2009

El 20 de mayo inauguró en la sala RG del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos, la muestra Amarillo No 5. Tres artistas, Luz María Varela, María Egea y Rafael Bethencourt desarrollan allí, en una curaduría colectiva, una reflexión multifocal sobre algunos de los pre-supuestos simbólicos relativos a la figura femenina, que la cultura hegemónica ha creado, diseminado e impuesto a nivel global.

Los dos modos básicos para mantener el poder sobre grandes conglomerados humanos han sido a lo largo de la historia, el ejercicio del terror y el de la persuasión. A lo largo de las sociedades y las culturas, ambas formas han convivido, alternado y/o predominado una sobre otra. En nuestra contemporaneidad, en la sociedad de masas, la persuasión es el modo imperante fundamental. No existe mejor medio para mantener el poder, que lograr que los dominados piensen y vean el mundo con los ojos de los dominadores. En ello participan y colaboran los sistemas educativos, las pautas proporcionadas por las instituciones sociales y fundamentalmente hoy los medios de comunicación de masas. El sistema intenta el control desde dentro de los individuos que maneja, quiere generar en cada uno una Weltanschauung (cosmovisión) que mantenga y justifique la dominación.

Y dentro de esta estrategia general, el problema de género es una faceta particular. Nuestra sociedad ya no ahorca, corta la cabeza, lapida o mutila el clítoris (por lo menos institucionalmente) a las mujeres, ejerciendo el terror.

Nuestra sociedad genera prejuicios, estereotipos, creencias, modelos éticos y estéticos que justifican, mantienen y reafirman el sistema de subordinación que su estructura patriarcal ha generado para el sexo femenino, e impone a todos los individuos la incorporación de estos modelos como forma de vida. La condición subalterna se introduce solapadamente, haciéndose parte de la “naturalización de las cosas de la vida”.

Nada mejor que el arte como herramienta de combate a este modelo. En este caso los tres artistas, a partir de tres propuestas temáticas diferentes, abordan y logran la des-integración de algunos de estos pre-supuestos femeninos de nivel masivo.

Luz María Varela, aborda la propuesta de las mujeres vampiras a partir de una serie de grandes collages digitalizados y convertidos en gigantografías, en una sala negra y con iluminación de tipo teatral, mostrándonos figuras simbólicas de estas mujeres dramáticas, falseadas y a la vez frivolizadas (por un imaginario creado por la visión masculina) que ven al mundo de cabeza. El impacto visual transmite la visión crítica de cómo se logra la de-formación de la figura femenina en un mito de la sociedad de masas como el vampirismo. Complementa el planteo un video que se transmite en loop, verdadera “pieza de resistencia”, que tomando como bases escenas de filmes de vampiros (que van desde el Nosfetatu de Murnau hasta las vampiras de Ed Wood) es intervenido a nivel de imágenes e integrado con textos y sonidos, logrando un planteo final absolutamente “redondo” en su intención de mostrar, a partir de un punto de vista original, el otro lado (el lado oscuro) de la figura de las vampiresas creadas por el cine y la televisión y la verdadera magnitud de este mito en la estructura patriarcal de nuestra sociedad.

María Egea, en su instalación principal, parte de la cotidianeidad de algo que de lejos semeja una trivial cortina de ventanal o de baño doméstico. Al acercarnos, descubrimos que su textura está compuesta de figuras de inmensos traseros femeninos, complementados con slogans o frases sacadas de la publicidad de los medios masivos. El shock del contraste nos ubica frente al uso de la figura femenina como gancho de venta, como propuesta a imitar, como señuelo para abastecer el mercado de la cirugía “estética”, un mercado en plena expansión a nivel mundial, a partir de la imposición de un modelo de belleza femenina hegemónico (las grandes tetas y los grandes culos).

Complementa el planteo, un video que usa como sonido frases publicitarias respecto al cuerpo femenino. El recurso de quitar de contexto y mostrar descarnadamente vuelve a ser efectivo, deja al descubierto la monstruosidad cotidiana. Del otro lado de la sala, las grandes tetas “literalmente” de plástico, vuelven a hacer referencia a la agresión física de la cirugía convertida en una necesidad social.

Un detalle final en su propuesta, de presencia discreta pero de una fuerza excepcional que merece destacarse, está en tres pequeñas figuras colocadas en línea ascendente sobre la pared de ingreso a la sala. Allí, la potencia de la imagen denuncia el abuso y todo su contexto. La repetición de la misma figura, que va borrándose paulatinamente, con un rostro/mano amordazante (o golpeado), nos ubica de un tirón en esa problemática cotidiana y oculta de nuestra sociedad en la cual la mujer lleva siempre la peor parte.

Finalmente, Rafael Bethencourt, tomando como objeto la muñeca Barbie, y a partir de dos instalaciones sobre una gran pared blanca nos plantea el juego de la deconstrucción del mito de la muñeca globalizadora. Siempre he priorizado en los planteos del arte la coherencia sobre la originalidad. A fin de cuentas la necesidad de innovación es un valor de la modernidad (sino preguntarle a todos aquellos que pintaron Últimas Cenas). Así que no por ya abordado y analizado, el enfoque de la famosa muñeca deja de ser válido, si este nuevo abordaje nos aporta una nueva perspectiva.

Y creo que es así, que a partir de su primer planteo, que tiene mucho de diseño gráfico y mucho de instrucciones de manual para armar, partiendo de la intervención de los pedazos de la imagen de la muñeca, nos deja una manera conceptual de deconstruir ese mito a partir de una imagen de gran fuerza gráfica. La segunda instalación, una red de muñecas intervenidas, con un texto directamente referido a la emocionalidad deformada en la relación patriarcal de la pareja, complementa el planteo de acusación al rol de la famosa muñeca como factor alienante (y un gran negocio a nivel global).

En los tres casos, algo que creemos vale la pena tener en cuenta, es como, si bien el uso de las nuevas tecnologías ha sido abundante (Internet como fuente, la digitalización de todas las imágenes, las técnicas de reproducción, el uso recurrente del audiovisual) sin embargo, sus planteos visuales no han sido condicionados por esas tecnologías, algo que es moneda bastante corriente en el arte contemporáneo, que muchas veces confunde la tecnología con el contenido plástico o estético.

En  conclusión, si es posible lograr por nosotros, latinoamerican@s periféric@s que creemos en otro mundo posible, formas efectivas de enfrentar la alienación cotidiana propuesta por el sistema hegemónico imperante, creo que esta muestra es una de ellas.

Aquí ha sido denunciado y quedado al descubierto parte del formato de dominación y subordinación de género que caracteriza a nuestra sociedad, conjuntamente con la existencia de quienes están dando la batalla por cambiar las cosas.

Una exposición para tener en cuenta y recordar.