Guillermo Mariaca

guillermomariaca@gmail.com

Literatura cartonera y gestión cultural. Una mirada crítica

(Trascripción de la intervención que sostuvo el crítico en una de las mesas de diálogo y debate de la Feria del Libro de La Paz 2007)

“La gestión cultural es uno de los ámbitos más conservadores que tiene América Latina. Extrañamente en América Latina la gestión cultural no sólo es más conservadora que en Europa, no sólo menos renovadora que en Estados Unidos, sino que defiende los valores más conservadores.”

“…Y creo que el desafío de este adjetivo cartonero es precisamente hacer, obligar al diálogo entre lo que llamaríamos vulgarmente ficción y realidad. Y comenzar a producir ficción con referente real…”

“Una cosa es el experimentalismo, cositas menores, y otra cosa es hacer pan de cada día las cosas imposibles.”

Un académico hablando de cartoneros no parece por lo menos a primera vista funcionar muy bien. Mi pregunta por lo tanto es que si esto de “cartonero” añade una cualidad distintiva a la literatura o no lo hace, si una literatura cartonera implica un valor agregado sustantivo con respecto a la literatura que conocemos. Esta pregunta yo me la he intentado responder de estas maneras. Lo primero, obvio, es que como propuesta editorial la cartonera es una propuesta artesanal, y acá creo no hay donde perderse. Es artesanal en oposición a las editoriales industriales, por lo tanto no aspira por su naturaleza a mercados masivos, a lectores masivos, a establecer, dentro de lo que implica una editorial industrial, tendencias, corrientes, estilos.

Una segunda cualidad también evidente es que como propuesta editorial no se censura a nadie y no se autocensura, algo que es inevitable en las editoriales industriales, donde se censuran, censuran, se autocensuran marcadamente y siempre. Lo deben hacer si quieren ser editoriales exitosas, si quieren vender, o en el otro lado marcar tendencias y ser prestigiosas, ser exitosas. Una literatura cartonera hasta aquí aparece claramente distinta a una literatura editorializada o de editoriales. Una tercera característica en este ámbito es que la literatura cartonera, los textos, generan empleo más o menos autogestionado, o llamémosle subempleo, o empleo de sobrevivencia, y esto es algo que la literatura suele no hacer, con poquísimas excepciones. Los escritores no viven de lo que escriben, en este caso los escritores no pretenden vivir de lo que escriben, y los editores cartoneros tampoco, por lo tanto ese problema no existe. Pero sí existe una consecuencia de esto y es que aún si es en mínimo grado, la literatura cartonera funciona como un empleo de subsistencia.

Yo creo que este primer ámbito está marcando algunas cosas interesantes, habrá que ver si en los otros momentos la literatura cartonera efectivamente añade algo sustantivo, algo innovador, algo original a la literatura. Y aquí ya las preguntas comienzan a tener respuestas más, cuando menos, ambivalentes.

¿Habrá una propuesta estética? Uno se imagina que distintos lenguajes deberían dialogar. En la literatura cartonera varias de las tapas se supone que están elaboradas digámoslo así “cartoneramente”, o por artistas plásticos o por aspirantes a tales, o por simplemente aficionados. Pero ahí debería existir algún tipo de diálogo, entre ese lenguaje gráfico y el lenguaje literario. Esto yo no lo he encontrado, no veo originalidad y no veo diálogo.

¿Habrá una propuesta literaria? ¿Realmente innovación? ¿Habrá una narrativa, llamémosle así, de la marginalidad? No de los personajes, no estoy hablando de cositas menores, no, sino de un [lenguaje] que provenga desde la marginalidad, y que dialogue, se enfrente, cuestione al lenguaje que proviene desde la centralidad literaria, en las diversas corrientes literarias que hay por lo menos en América Latina. Y esto, tampoco ocurre. Ustedes pueden revisar los libros y en su generalidad los libros de la literatura cartonera están muy apegados a los cánones en varios casos inclusive más “conservadores”, más clásicos de la literatura. La poesía, por ejemplo. Ustedes saben que la poesía es profundamente literaria.

¿Habrá una narrativa del comunitarismo? ¿Una propuesta literaria comunitaria donde varios autores producen algo, juntos? ¿Dónde varios autores producen algo en diálogo con sus distintas narrativas, algo que vaya más allá de esa clásica y quizá inevitable, de ese clásico vicio literario, que es hacer una literatura de autor? Son poquísimos los experimentos en que varios autores producen algo, juntos. Uno esperaría que la literatura cartonera, que proviene precisamente de ciertas necesidades comunitarias de sobrevivencia, se encontrase este tipo de textos extrañísimos, producidos por varios autores. No los encuentro, es una literatura muy de autor.

Última pregunta. ¿Será que la literatura cartonera tiene implícita una propuesta educativa, de trabajo con el lenguaje, en el lenguaje, dirigido a estudiantes? Tampoco. Porque no es nada original que se hagan tareas de creatividad, que los estudiantes de colegios trabajen con esto. Esto se viene haciendo desde muchísimos años en todas partes del mundo y que trabajen además en artes plásticas, en literatura, o en sociales, o en lo que sea, con la marca de la creatividad. Acá tampoco encuentro originalidad. Encuentro sí, esfuerzo, dedicación, pasión, pero no innovación pedagógica.

Estas son algunas preguntas con las respuestas que me ido dando.

Doy un segundo paso.

Encuentro algunos asuntos que yo llamo, más bien que a mí me dejan, un sabor de algo amargo. Encuentro por una parte cierto gesto de victimización, “nosotros los pobres”. Aquí en Bolivia esta es una pasión nacional, todos son profundamente pobres, profundamente desgraciados, etc., etc., nunca clasificamos al Mundial, obvio... Yo diría que en un ámbito como éste, en un ámbito ficcional, esto no cabe. No es que por ser pobres vamos a escribir con o nos deben leer con cierta conmiseración, son pobrecitos los leeremos como pobrecitos, no tuvieron la oportunidad, pobrecitos, entonces merecen ganarse una mención de honor. Creo que hay cierto gesto de victimización que está bastante extendido, si ustedes leen los (…) de estos textos hay algo de eso, y su correspondencia, la romantización, los marginales, los pobres, las víctimas, cuando escriben, necesariamente, están diciendo algo digno. Y esto parece por lo menos acá algo extendido con esa romantización de lo que han llamado últimamente “vanguardia andina” (…) porque claro, escriben, todos sabemos desde dónde, escriben así porque escriben con sangre, escriben con su vida, entonces lo que escriben es una maravilla.

Esta romantización de la escritura es de la marginalidad. Yo creo que al margen de poder ser tratada como testimonio, sólo podría tener, desde mi académico punto de vista, valor, si realmente no fuera literatura. Si la cuestiona. Si no, es una confesión. ¿Habrá una gestión cultural verdaderamente innovadora de la literatura cartonera, estará aportando algo a la gestión cultural institucionalizada, desde los ministerios, desde la academia, desde los colegios? Creo que aquí sí hay por lo menos un gesto interesante, no está plenamente desarrollado por las dificultades que todos conocemos, pero creo que aquí sí hay un potencial muy significativo.

La gestión cultural es uno de los ámbitos más conservadores que tiene América Latina. Extrañamente en América Latina la gestión cultural no sólo es más conservadora que en Europa, no sólo menos renovadora que en Estados Unidos, sino que defiende los valores más conservadores. Todavía recuerdo una anécdota en el Museo de Arte Nacional en Chile. Invitaron a un plástico muy importante, en el gobierno de Lagos, no es cosa menor, invitaron a este artista plástico a exponer cosas y el tema de la exposición era Simón Bolívar. Este artista puso una postal de Simón Bolívar y en la postal estaba planteado como un travesti. La respuesta que él, el travesti, dio fue: ¡qué mayor homenaje a Simón Bolívar que plantearlo como el símbolo de nosotros! Muy difícil de concebir, pero el resultado fue la expulsión de la directora del Museo Nacional de Arte.

En el Brasil está Gilberto Gil de Ministro de la Cultura, y sin embargo ustedes revisan la trayectoria, la visión de la política cultural de Gilberto Gil y es equiparable en verdad a la de los ministerios anteriores.

Creo que aquí sí se abre una posibilidad interesante, renovación de la gestión cultural, pero al mismo tiempo es una cosa, es un objetivo muy difícil, porque supone por lo menos profundamente respetar algunas cosas que el adjetivo cartonero supone desde su principio, desde su nacimiento, uno el comunitarismo, la gestión colectiva, que en las artes va contracorriente, en las artes el arte de autor es uno de los diez mandamientos, no, qué digo, es El Mandamiento. La renuncia a la autoría individual en las artes es una cosa yo diría casi imposible. Una gestión cultural comunitaria, comunitarista, pone ese enfrentamiento, ese debate. Y lo cartonero, desde la ficción, desde las artes, al tener ese principio, podría generar una gestión en ese sentido [distinta].

Una segunda cosa, el diálogo entre distintos lenguajes ficcionales. Lo cartonero desde su nacimiento supone eso, que no lo hayan hecho, que no lo hayan logrado es harina de otro costal. Pero que ese sea uno de los principios, forma parte de una propuesta estética y ficcional que [yo valoro]. Que hagan dialogar los distintos lenguajes y que como resultado de ese diálogo surjan nuevos géneros. Yo podría sintetizar la característica de estos nuevos géneros en una oración relativamente sencilla: Hacer ficción con referente real.

Esto es algo que la literatura, las artes plásticas, la música, resisten por naturaleza. Es algo que la sociología, la historia, la antropología verían casi con asco. Cómo es posible que nosotros, cientistas políticos, hagamos algo ficcional. O al revés. Cómo es posible que nosotros, poetas, tengamos un referente real. Inimaginable. Y creo que el desafío de este adjetivo cartonero es precisamente hacer, obligar al diálogo entre lo que llamaríamos vulgarmente ficción y realidad. Y comenzar a producir ficción con referente real.

Y tercero, esto de la educación. También es hasta bonito que se haga, que se incorpore el asunto de la creatividad en la escuela, pero no como normalmente se lo hace, incluso, si hay herramientas, modelos completamente originales, sino desde otro ángulo. ¿Qué nos podrían enseñar como ficción los sobrevivientes, esos cartoneros? Que ellos, desde ellos produzcan no testimonios, no confesiones, no registros de víctimas, sino ficciones, que sean los profundamente miserables los que al producir ficción nos obliguen a renovar nuestros lenguajes.

Creo que, la cultura cartonera se ha planteado en su tabla de mandamientos de nacimiento una serie de desafíos. Creo que hasta ahora no ha podido cumplirlos, no ha alcanzado la estatura, yo creo que lo valioso no es no haber podido cumplirlos, no haber alcanzado la estatura, sino el haberse planteado éstos que son desafíos, yo diría, imposibles. Pero si no se los convierte en realidad estaremos haciendo de la literatura cartonera una moda más de las víctimas de la globalización. Y estoy seguro que si algo detestan ellos es eso.

Terminaría entonces con dos cosas muy cortas, para plantear yo una manera algo más técnica lo que he venido diciendo de un modo más coloquial. Creo que los dos grandes desafíos, que no sólo se proponen a sí mismos los que están trabajando literatura cartonera, sino que nos lo deberíamos proponer todos los que trabajamos con las artes, o quisiéramos hacerlo, son, por una parte, la ficcionalización de las marginalidades, pasar de esta costumbre, de esta cultura, de este lenguaje de la resistencia heroica, épica y demás cositas griegas a una renovación, reinvención de los símbolos. Dejar de ser más de lo mismo. Más novelas, más poemas, más no sé qué cosas, y comenzar a ser capaces de encarar con fuerza, con optimismo, con creatividad este asunto de la ficción con referente real. Dialogar con el mundo marginal que no tiene acceso a mundos imposibles, y que de ellos salgan esos mundos imposibles, inimaginables.

Y segundo, una estitización de ese mundo marginal. En vez de romantizarlo, en vez de verlo como un conjunto de víctimas, que, desde ese mundo, como una autogestión de ese mundo, ellos reinventen. Si en algo han fracasado las artes en el siglo XX es en haber inventado mundos imposibles, lo que hemos hecho ha sido cuestionar lo que tenemos, dudar de lo que tenemos, desear nuevas cosas, pero reinventarlo, hacerlo realidad, hacer realidad todas las utopías del siglo XX, eso no hemos podido. Una cosa es el experimentalismo, cositas menores, y otra cosa es hacer pan de cada día las cosas imposibles. Creo que el haberse planteado estos desafíos, el haber imaginado estas cosas, aún si en sus blogs, aún si en sus obras, aún si en su gestión la literatura cartonera no lo está logrando, el haberse planteado estos desafíos nos convoca, nos reúne y nos obliga a todos cuanto menos a comenzar a pensar que la producción de un mundo imposible es algo remotamente probable, por lo menos remotamente probable, y no como hoy el testimonio de un fracaso reiterado durante por lo menos un siglo.

Guillermo Mariaca

http://fhce.umsa.bo/fhce/post_literatura/pdf/CVMariaca.pdf

 Universidad Mayor de San Andrés