Carmen Hernández

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40º Salón Nacional de Arte Aragua

Texto de catálogo del 40º Salón Nacional de Arte Aragua, Museo de Arte Contemporáneo Mario Abreu, Maracay, noviembre de 2015, pp. 12-14.

 Para cumplir con el propósito de un salón de arte de carácter nacional y de larga trayectoria de tomarle el pulso a la producción artística contemporánea, es necesario enfrentar el reto de renovar su operatividad y los criterios de selección para visibilizar responsablemente aquella diversidad de propuestas que entienden la experiencia artística como un proceso interactivo y contextual, no ajeno al análisis de sus propias condiciones de existencia.

 

En esta cuadragésima edición del Salón Aragua se recibieron 171 obras de diferentes regiones del país, de las cuales fueron seleccionadas 32, cuyo mayor porcentaje se concentró en el estado Carabobo (12), Distrito Capital (7) y estado Aragua (4).

 

En el proceso de selección, el jurado asumió conjuntamente un ejercicio curatorial y definió criterios valorativos basados en el manejo reflexivo de los códigos artísticos, así como de la capacidad interpretativa en lo temático, entendiendo que el arte es una forma de conocimiento que activa horizontes de sentido asociados a intereses contemporáneos. Hoy en día lo nuevo no implica el rechazo al pasado, sino el esfuerzo por superar estereotipos estilísticos formalistas que fortalecen el mercado. Desde esta perspectiva, se seleccionaron aquellas piezas que proponen aportes en el campo representacional de las artes visuales y que asumen posturas contextuales, con la recreación de imaginarios sociales, religiosos o culturales.

La subjetividad imaginativa se hace sentir en la atmósfera de ensoñación que habita el bestiario fantástico de Richard Camacho en Remanentes del sueño, así como en la simultaneidad espacial y colorística de Los vecinos de la calle azul de Carlos Hergueta, o en las huellas gestuales de Sudario y estampa para no creyentes de José Ávila que recuperan la capacidad simbólica de la mancha para aludir al cuerpo ausente. Pero también este interés se observa en Extractos hermenéuticos de un listón de Jhonny Fung, quien juega con un alfabeto visual de formas y colores que aluden a la memoria lúdica infantil.

 

Igualmente la mirada poética alcanza la fotografía con búsquedas personales, como sucede con Algo fluye de Elsy Zavarce, quien representa la ambigüedad del cuerpo fragmentado y atrapado en la transparencia de la tela. Asimismo, la serialización fotográfica es un recurso idóneo para Juan Marroquín en su investigación sobre el erotismo femenino desarrollado en su Serie roja. Registro de rutina, donde el intenso contraste lumínico constituye un reto para el ojo del espectador. Dentro de esta perspectiva se incluye la fotografía Radiografía de un paisaje de José Zugasti (Iñaki Zugasti) que crea una atmósfera inquietante de antropomorfización de la naturaleza. pues a través de un efecto de solarización, convierte al objeto del paisaje en un sujeto irídiscente, casi sagrado, pero sometido a la soledad.

 

Una visión poética más conceptual de la naturaleza se observa en algunas propuestas tridimensionales. Paisaje fluvial de Mauro Nascimberi, en un pequeño formato, nos confronta con las vetas desnudas de la madera para evidenciar que la superficie terrestre florece en su belleza por sutiles corrientes subterráneas. Fernando Correa en Gran horizontal elabora un homenaje al universo marino cuando pinta con creyón azul el marco de madera que actúa de soporte a un soberbio pez, cuya forma y piel revelan el árbol que le dio origen. También el paisaje como territorio simbólico es aludido en la instalación Con tu recuerdo del frío me cubriré. De la serie Aquellos que emigran de Abner Báez, pues las flores y ramas secas aluden a una territorialidad que se transforma con la ausencia afectiva.

 

La crítica reflexiva también encuentra formas vitales para aludir a problemas colectivos como la violencia física y simbólica inherente en la discriminación étnica, la contaminación ambiental, la inseguridad social y la manipulación mediática. En esta vía destacan dos piezas pictóricas de gran formato realizadas por artistas de amplia trayectoria. Delaciones de la piel. De las palabra surgentes que hablan en la piel de Eduardo Bárcenas representa el retrato de un afrodescendiente que interpela con su mirada al espectador en un gesto de orgullo y valentía. Desequilíbrio mortal de José Basanta describe, en un estallido de color, la destrucción del paisaje amazónico por la explotación indiscriminada de sus riquezas minerales. Otra pintura que expresa estos intereses es Manipulación mediática de los medios de comunicación nacional e internacional de Edward Rodríguez, dirigida a denunciar la violencia mediática como mecanismo modelizador, para lo cual establece la representación simultánea de dos dimensiones sociales contrapuestas, enfatizando así su fe en la solidaridad social.

La violencia física se manifiesta en varias obras. Cara de muelto de Edson Caceda por ejemplo, cuestiona la naturalización de la muerte y del asesinato cuando interviene con collage una imagen de la “crónica roja” de un cuerpo yacente en el espacio público. La misma preocupación se observa en ¿5to mandamiento? de Ana Nóbrega, quien utiliza la técnica del intaglio para expresar que la violencia permea las estructuras sociales de manera sutil pero profunda, pues las paredes de un pedestal blanco que actúa como monumento vacío, están cubiertas de las huellas grabadas en el papel de diferentes armas, cuyos cartuchos reales descansan en el suelo. Las balas también se con-funden en la pintura Máquina de balas de Alexander Martínez que representa el espacio urbano contemporáneo como palimpsesto convulsionado de formas que se superponen en una trama convulsa, donde la figura humana desaparece para convertirse en un signo horadado. Del mismo modo, Jonathan López alude a la ausencia del valor de la vida con Serie de las balas perdidas. Donde llueven balas, que exhibe un conjunto lineal de casquillos intervenidos con frases alusivas a la gestualidad pictórica, además de nombres e identificaciones de posibles víctimas.

 

En la fotografía también se observa la reflexión sobre la violencia simbólica derivada de imaginarios hegemónicos que permean subjetividades. Por ejemplo, Psiconauta de Carlos Velis, alude al deseo de salir de las prisiones culturales, como la noción de belleza que personifica cierta vestimenta “femenina” como un corsé. La valoración del cuerpo desde una perspectiva de género también preocupa a Eber Guédez pues en su fotografía Seducción o sumisión introduce un estereotipo de virilidad que puede convertirse en una condena. De modo similar Ricardo Gallo cuestiona la xenofobia en El extranjero de Extranja con un retrato deformado e identificado como una mercancía o un delincuente, lo cual alude al castigo a la disidencia. Pero, tal como ha advertido Alejandro Jodorowsky, “somos todos extranjeros, de Extranja, la inmaterial zona de los inadaptados” o de los soñadores que aspiramos a un mundo mejor. Este mismo sentido crítico se observa en la fotografía Frackingeados de Isabel Falcón donde los rostros de dos mujeres autocensuran su voz, o en Retorno de Leonardo Almao que nos sitúa frente a los diablillos ocultos en la inocencia infantil. En este orden de ideas se sitúa la instalación Hábitat de Marcos Aponte que invita a reconocer las diferencias y desigualdades de lugar del espacio habitado, a través del trabajo artesanal con la madera. Igualmente la propuesta de Dianora Pérez, Mensaje en las nubes, alude a la dificultad de decodificar colectivamente un sentido de solidaridad pues utiliza el lenguaje braille en una escala que imposibilita su descriframiento táctil.

 

En este recorrido no faltan las redimensiones del imaginario religioso. Jesús y Pedro de Harry Schuster y Gustavo Zajac, como autoría compartida, recrean la iconografía cristiana para revelar un sentido amoroso más afectivo en la relación fraternal, redimensionando así la noción de erotismo. También la fotografía Tierra prometida de Raúl Martinetto reflexiona sobre el vacío que puede representar esta herencia simbólica cuando registra un monumento donde la figura de Cristo ha sido arrancada para dejar solamente su huella acuñada por el paso del tiempo. Dentro de esta perspectiva se ubica la mirada de Marta Velazco pues su fotografía Aequeo Ex Aequeo ex aequo…. Aunque… exhibe a la figura de José Gregorio Hernández esperando por su beatificación en el Vaticano, lo cual advierte que la santificación obedece a un dictamen no exento de una mirada eurocéntrica.

La violencia simbólica asociada a la especulación, la inflación y el comercio ilícito de alimentos, también preocupa a los creadores. La práctica de la economía informal conocida como “bachaqueo” ha sido interpretada en El rapto de Anita de Joel Nacache (Nacache Toro), que ironiza sobre la “desaparición” del azúcar, encarnada por la “dulce” imagen femenina de “Anita” que se ve amenazada por un bachaco gigante. Un interés similar motiva a Ana Hernández en Bachaqueo (anulación de un estado I y II) crea una suerte de cartografía abstracta, estridente y caótica, cuyas rutas impiden llegar al lugar de destino. La propuesta tridimensional de Víctor Rosales (Víctor Gee), titulada  Burusa, ironiza sobre la devaluación de la moneda nacional cuando utiliza billetes para cubrir la piel de un “cochinito” asociado con el ahorro y la prosperidad. La fotografía Moneda sin (en) canto de Emiliano Barreto Guerrero introduce la imagen simbólica del dinero en un horizonte borroso. Asimismo Miguel Tortolero en El descanso que no duerme, alude al dinero como elemento modelizante sobre el cuerpo, a través de un fragmento de un billete que recorta la mirada de Bolívar dirigida al espectador. 

En resumen, las obras seleccionadas en este salón nos enfrentan a la diversidad de orientaciones y búsquedas que hacen de nuestra producción artística un universo vital y dinámico, que debe ser fortalecido por todos quienes apreciamos su alcance e impacto.

 

 

 subjetividad imaginativa

 

 Richard Camacho

Remanentes del sueño, 2015

Acrílico, tinta china y tela encolada sobre MDF

96 x 130 cm (políptico de 13 piezas)

 

 

 Carlos Hergueta

Los vecinos de la calle azul, 2015

Acrílico, óleo y collage sobre MDF

122 x 184 cm

 

 

 José Ávila

Sudario y estampa para no creyentes, 2015

Cromo, carbón, acrílico y óxidos sobre

cartón belumoide.

239 x 179 cm (políptico de 5 piezas)

 

 

 

Jhonny Fung

Extractos hermenéuticos de un listón, 2015

Técnica mixta y materiales diversos

130 x 94 cm (políptico de 11 piezas)

 

 

Elsy Zavarce

Algo fluye.de la Serie Puesta en escena (detalle), 2015

Fotografías impresas en tela

250 x 250 cm

 

 

Juan Marroquín

Serie Roja. Registro de rutina, 2015

Fotografía digital a color impresa en gicleé

83 x 131 cm (políptico de 9 piezas)

 

José Zugasti (Iñaki Zugasti)

Radiografía de un paisaje, 2015

Fotografía digital en blanco y negro sobre

Papel luster

70,5 x 104 cm

 

 

 

Mauro Nascimberi

Paisaje fluvial, 2015

Modelado con sierra circular y caladora

7 x  63 x 20 cm

 

 

 

 

Fernando Correa

Gran horizontal, 2015

Talla ensamblada en madera intervenida con lápiz

164 x 177 x 26 cm

 

 

 

Abner Báez

Con tu recuerdo del frío me cubriré de la serie Aquellos que emigran, 2015

Materia orgánica (flores secas, ramas) y pegamento

250 x 250 x 250 cm

 

crítica reflexiva

 

Eduardo Bárcenas

Delaciones de la piel: de las palabras urgentes que hablan en la piel, 2015

Acrílico sobre tela

244 x 251 cm

 

 

José Basanta

Desequilibrio mortal, 2015

Acrílico, óleo y papel sobre tela

140,5 x 163,5 cm

 

Edward Rodríguez

Manipulación mediática de los medios de comunicación nacional e internacional, 2015

Acrílico sobre lienzo

152 x 102 cm

 

 

 

Edson Caceda

Cara de muelto, 2015

Collage con papel periódico y de revista

88 x 108 cm

 

 

Ana Nóbrega

¿5to mandamiento? (detalle), 2015 

Intaglio, cartuchos de balas y tubo de aluminio

250 x 250 x 250 cm

 

 

Alexander Martínez

Máquina de balas, 2015

Mixta sobre tela

200 x 247 cm

 

 

Jonathan López

Serie de las balas perdidas: Donde llueven balas, 2015

Acrílico, resinas sintéticas y poliuretano.

Cartuchos de bala intervenidos

9 x 56 cm (42 cartuchos de balas)

 

 

Carlos Velis

Psiconauta, 2015

Fotografía digital impresa en lienzo

60 x 90 cm

Eber Guédez

Seducción o sumisión, 2015

Fotografía digital blanco y negro, copiado en papel fine art velvet

30 x 45 cm

 

 

Ricardo Gallo

El extranjero de extranja, 2015

Fotografía digital intervenida e impresa sobre papel glasé

60,5 x 49 cm

 

Isabel Falcón

Frackingeados, 2014

Fotografía digital a color intervenida

46 x 56 cm

 

Leonardo Almao

Retorno, 2015

Fotografía analógica intervenida sobre tela

60,5 x 50 cm

 

 

 

  

Marcos Aponte (Mandres)

Hábitat, 2015

Dibujo, textos y ensamblaje de madera

250 x 250 x 250 cm

 

 

Detalle

 

 

Dianora Pérez

Mensaje en las nubes, 2015

Perforación braille en guata

106 x 117 cm

 

Harry Schuster y Guatavo Zajac

Jesús y Pedro, 2015

Acrílico y hojilla de plata sobre tela

120 x 100 cm

 

Raúl Martinetto

Tierra prometida, 2015

Fotografía digital a color impresa en papel fotográfico

71 x  50 cm

 

 

Marta Velazco

Aequeo Ex Aequo exaquo… aunque…, 2015

Empalmegrafía: fotografia digital impresa sobre canvas

198,4 x 35,8 cm

 

 

Joel Nacache (Nacache Toro)

El rapto de Anita, 2015

Tierra encolada, óxido y resina sobre tela

140 x 226 cm

 

 

 

Ana Hernández

Bachaqueo (anulación de un estado I y II), 2015

Acrílico sobre tela

125 x 95 cm (díptico)

 

 

 

 

Víctor Rosales (Víctor Gee)

Burusa, 2015

Vaciado en molde plástico con papel moneda triturado,

papel reciclado, yeso, pega, almidón y vinagre.

90 x 85 cm

 

 

 

 

Emiliano Barreto

Moneda sin (en)canto, 2015

Fotografía digital a color

30,5 x 40,5 cm

 

 

 

Miguel Tortolero

El descanso que no duerme, 2015

Fotografía digital a color impresa en papel fotográfico

83 x 82,5 cm