Carmen Hernández

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Presentación de la novela Petra Narcisa de Juan Carlos Rodríguez

Librería El buscón, Caracas, 25 de enero de 2019

Video de la presentación de la novela Petra Narcisa

 

Petra Narcisa es el título de una canción del cantautor apureño Jorge Guerrero, quien describe el rapto de la mujer amada, en un contexto festivo donde la pasión es el horizonte. Es Petra Narcisa quien representa ese paisaje convulsionado e impulsa la escritura del protagonista y narrador cuando confiesa:

 

“el impacto que sentí del patriotismo llanero, la fuerza de su cultura, la extensión de sus sabanas, y todo el complejo geopolítico de la zona, me llevaron a considerar la posibilidad de elaborar algunas reflexiones y obras que contribuyeran entre otras cosas, a una crítica y superación del campo del arte, a buscar alternativas a su encapsulamiento semiótico y al con­finamiento autorreferencial de su imaginario urbano. Había llegado a un lugar altamente estimulante para ello”

 

Y aclara, un poco más adelante:

 

“Aquí había una clave, presuponía yo, para plantearse de otra manera el problema del arte contemporáneo en una sociedad como la nuestra, tan llena de contradicciones políticas, sociales e históricas, y con una inmensa población llena de vitalidad pero siempre desplazada por la razón dominante”.

 

Las descripciones del contexto que incluyen el habla local representan el escenario reflexivo de la crónica artística y cultural donde la barbarie muestra sus diferentes rostros, como el fantasma de la Torre de Tatlin, un monumento fallido que hoy nos recuerda el fracaso del proyecto moderno y del sueño de la construcción de un nuevo sujeto. También la cuadrícula emerge tal vez recordando la “Cosa” con la que jugaban Claudio Perna y Eugenio Espinoza en los Médanos de Coro y en ese delirio, no podían faltar las hormigas de Antonieta Sosa con sus “rutas y actividades definidas”.

 

Igualmente el verso se introduce como esa voz que reclama el reconocimiento de su arraigo y de sus valores, marcados por la esperanza frente a la violencia y el miedo. La recuperación de la memoria local dibuja la riqueza artística que recrea en el canto sus alegrías y miserias, pues la “música del arpa” es el alimento para los compositores y los cantadores.

 

En ese recorrido reflexivo y poético, resulta difícil no identificarse con los personajes de Camila y Francisco con sus deseos y desatinos sobre el arte y la política, que los llevan por senderos inciertos. Desde una mirada que asume constantemente la duda, se cuestionan las políticas culturales contra la memoria y la instrumentalización del mal llamado “arte popular”, así como los distintos posicionamientos que asumen los artistas frente a las mediaciones del sistema  cultural y político, con constantes inserciones de imágenes referenciales del arte contemporáneo que representan esa libertad creativa contextualizada en los valores acuñados en lo local.

 

También la mirada filosa del miedo ante la persecución y el hostigamiento afectan la cordura cuando el narrador descubre que: “tratando de resolver la esquizofrenia del arte contemporáneo, había aterrizado sin saber en tierras de la paranoia”. Así se reconoce que tomar conciencia es enfrentar el peligro, sin embargo no desaparece la necesidad de construir la memoria e irrumpe la figura del relato, que nos confronta con la concepción de una novela ¿por dónde empezar? Así se impone Petra Narcisa, la mujer, como “la imagen siempre amenazante” de un caimán en el paisaje, como metáfora de la pasión primordial que invita a construir esa memoria tramada de conflictos y pulsiones como la traición y la  desesperanza, pues el dinero es la autoridad y capital dominante en el tráfico, en la violencia y en el arte. La desaparición es el hilo conductor que nos ancla paso a paso en la incertidumbre y en el cuerpo como último bastión para luchar y para amar desenfrenadamente desde una conciencia capaz de autocuestionarse y renovarse paso a paso, pues se alberga en el reconocimiento de esa vitalidad aún por recuperar. Así, el narrador reconoce que: “Nuestras experiencias son la principal fuente para construir una historia”. Desde esta perspectiva, Juan Carlos Rodríguez, luego de incursionar por el mundo del arte y el activismo, de la docencia y de las políticas culturales, hoy nos ofrece esta novela que es el resultado de una postura estética capaz de confrontar la razón con la barbarie como las dos caras de una misma moneda que han ignorado el sentido del arte como creación de un sentir común, como un lazo para reconocernos a pesar de nuestras diferencias.

 

La experiencia de Juan Carlos Rodríguez en ese horizonte infinito, circular, etéreo” del llano, también nos permite atesorar y añorar esos parajes aun sin conocerlos, como sucede en las letras de Jorge Guerrero cuando nos regala su canto:

 

Triste se ve la sabana

Ay, la sabana llora en silencio el estero

Se queja el palmer sombrío

Y desde el monte los sollozos del riachuelo

Suenan como notas tristes

Que taladran mi cerebro

 

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