Javier Téllez

HISTORIA CLÍNICA, CASO N° 1: EL HOMBRE MUSEO

Publicado en la Revista Estilo, Año 7, Nº 29, Caracas, noviembre de 1996, pp. 71.

No se sabe con exactitud la edad del paciente, pero él asegura haber nacido “el 27 de julio de 1793, en Francia”, fecha que se relaciona con la invención de la guillotina.

            El enfermo siempre ha tenido diversos oficios: vendedor ambulante, constructor de mausoleos y enterrador en un cementerio, pero casi toda su vida la ha dedicado compulsivamente al coleccionismo de objetos inútiles a los que atribuye incalculable valor. Esta actividad posee profundos contenidos fetichistas y se remonta a la infancia durante la cual guardaba sus excrementos en gabinetes, clasificándolos cronológicamente. De niño no pareció mostrar más pruebas de la enfermedad, pero durante su adolescencia presentó varias crisis convulsivas. Estos fenómenos coincidieron con la sucesiva pérdida de visión experimentada por el paciente a consecuencia de una retinitis en ambos ojos.

            En 1917 debió ser recluido en un sanatorio psiquiátrico pues comenzó a escuchar voces que le decían “rata” y lo insultaban, amenazándole con destruir todos los objetos que él poseía. Durante estos delirios paranoides sufría visiones y se decía atacado “por la retaguardia” por un jinete a caballo que le arrojaba al cuerpo urinarios de porcelana.

            Durante los siguientes 40 años pareció llevar una vida normal y los delirios sólo aparecieron con remisiones recidivas.

            En 1960, la esquizofrenia volvió a manifestarse de manera aguda, aunque sus visiones no tenían el carácter agresivo de las antes referidas. En 1968 fue internado en este Hospital, realizándose numerosos tratamientos de electroshock. En alucinaciones auditivas creía oír voces que le decían “estás muerto” y le conducían a pasearse por las calles de la ciudad, realizando actos extravagantes, los cuales hacía fotografiar. Estas actividades requerían de grandes esfuerzos físicos por parte del paciente. Frecuentemente realizaba viajes a lugares alejados, en los cuales recolectaba rocas o tomaba fotografías. Para él, esta documentación poseía un valor profundo, como si tratase de apropiarse de los terrenos que fotografiaba. Cuando se le preguntaba el porqué de las fotografías, contestaba: “es mi manera de llevarme todo el lugar, pues de otra manera no cabría en mi casa”. Sus delirios poseen casi siempre una atmósfera mágica: “los objetos tienen un aura” y su labor es mantener ésta, lo cual le proporciona enorme sufrimiento.

              En 1970 manifestó gran interés por la lectura, coleccionando libros de texto y filosofía, los cuales parecían ofrecerle mayor interés que sus antiguos fetiches. La lectura parecía tranquilizarlo aunque se quejaba de insomnio.

            En 1982 fue tratado con psicofármacos mostrando considerables mejorías a pesar de la radicalización de la obsesión fetichista, entonces fue dado de alta y trabajó durante 8 años en una casa de subastas, obteniendo cuantiosas remuneraciones que le permitieron la construcción de ampliaciones en su casa, pues ésta estaba repleta con sus extrañas colecciones.

            A inicios de la década de los 90, los contenidos delirantes reaparecen y se agravan en los últimos años. El paciente se siente perseguido por vampiros que “querían beber su sangre” y se cree seguido por personajes que le recordaban al jinete de las primeras manifestaciones de su enfermedad. Estas visiones se le pegan “como una sombra”, repitiendo sus actos e imitando sus gestos. También señala que copian su vestuario y su manera de hablar. Los delirios de simulación se han intensificado últimamente, siendo acompañados de un síndrome nihilista, en el cual el enfermo cree que su cuerpo ha sido vaciado de órganos. Desde entonces amenaza con suicidarse, manifiesta temor a ser asesinado, cree estar muerto y reaparecen los delirios en torno a la pérdida del aura y llega a decir: “por su ausencia tengo la identidad cambiada”. En 1995 es internado de nuevo en este hospital y desde entonces permanece aquí.

Diagnóstico: Esquizofrenia con delirio paranoide.

                      Fetichismo. Depresión crónica.